Y vuelve a mi vida la tan temida y trillada frase “No eres tú, soy yo”…

Vamos allá…en principio asociamos ésta frase única y exclusivamente a una relación de pareja (novios, amantes, amigos…lo que más os apetezca), pero en realidad, cuando una persona que se decide a emprender y lanzar su propio negocio, además de la relación mencionada anteriormente, se echa a la mochila otra relación aún más complicada , enrevesada y caótica -si cabe-.

Y ¿porqué más de todo eso?…pues porque la relación ya no solo es con 1 persona sino con 10, 100, 1000…(va incrementando en función de lo conocido que te vayas haciendo). De momento, en mi caso, aún son pocas pero muy intensas.

Y como os contaba en el post anterior, uno piensa que todo va a salir tal y como lo tenemos planeado, que la gente va a ver tu producto y se va a tirar a por el en cuanto lo vea “porque mola un montón”, porque encima tiene características que lo hacen más especiales y porque es diferente…¡Zas en toda la boca!

¿Pero, qué ha pasado? si yo lo tenía todo perfectamente controlado, incluso me había puesto en la piel de mi ‘cliente final’ (‘buyer persona’ -nombre técnico para que se note que algo de esto he estudiado-). Pues nada, que por lo menos la mitad de todo eso no vale y te das cuenta que ni tu eres tan lista como creías ni todo tan fácil como parecía.

Como en todas las relaciones, empiezan a influir un montón de cosas (la tía, la prima, la amiga, la suegra…perdón por lo de ‘cosa’ pero es que a vecessss telitaaaaa), factores ya no sólo de mercado ni de localidades específicas, sino personales. Y aunque nos empeñemos en ‘querer’ (que no creer) que toda la gente reaccione igual que reaccionaríamos nosotros mismos….y ya os digo que ni eso porque siendo objetiva y realista, muchas veces/casi siempre somos demasiado benévolos con lo que pensamos de nosotros mismos.

Y aquí viene entonces el “No eres tú (ni tu producto, ni los tejidos, ni donde está fabricado, ni el diseño, ni lo que cuesta (a veces esto sí, pero a esto entraré en profundidad en otro post), soy yo…”, Y se te queda una cara que pa’ que os digo más.

Pero entonces te acuerdas del porqué decidiste emprender, de porqué apostaste por éste proyecto, de la convicción que tienes y sientes por el y que cada día que pasa, se convierte en una cosa más que defender.

MI CONSEJO DEL DÍA: Aunque te digan 100 veces “No eres tú, soy yo”, sigue intentándolo 1 vez más que 100.

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